La Piedra Brillante
Era una piedra poco valorada, la tenía en mi posesión
pero nunca llegue a darme cuenta lo valiosa que era hasta ese día.
La tarde que comenzó esta travesía por el desierto de mi
soledad me permitió volver a ver más allá de mis narices, ese tiempo reflexivo
que me permito de vez en cuando me ayuda a ver las cosas desde otra perspectiva.
Veo el poder que tengo en mis manos cuando creo que todo está perdido pero también
logro ver las debilidades que he estado creando en mi a causa de las cosas que
suceden con el tiempo. Bastó solo un segundo de mis horas de reflexión para
darme cuenta que la tenía en cautiverio. Era una piedra que brillaba sin
necesidad de ser reflejo, ésta tenía una luz propia, trasmitía paz a quien la miraba. La recorde porque ese día mas temprano la vi llorando sola. No le presté mucha atención porque
estaba ocupado en mis asuntos pero de alguna manera quedo impregnada en mi memoria. Me conmovió cuando me di cuenta lo especial que tenía entre mis pertenencias. Me di cuenta que por mucho tiempo la menosprecié como si fuera una piedra común. Ella nunca me reprochó
nada, siempre fue amable, me miraba con ojos de compasión y me acompañaba en
mis tardes de soledad. Era una piedra preciosa.
La miré esa noche y agradezgo que no tuve que perderla para darme cuenta que era especial. La
miré de nuevo con detenimiento cuando lo descubrí, un brillo único. Me di cuenta que había abusado de
ella constantemente y no la dejaba brillar, de otra manera... ¿cómo no había podido notarlo antes?. Me hice egoísta al no querer
compartirla. Cómo puedo culparme por semejante absurdez humana. ¿Quién querría
compartir sus cosas muy personales? Yo no.
Ahora que sabía que era valiosa no sabía cómo tratarla, si
darle un trato especial porque su brillo lo merece o seguir con el mismo trato
para que no cambie su brillo al creerse más especial que las demás cosas puesto que no sabía la razón de
su brillo en primera instancia y no quería que lo perdiera.
Abrí mis ojos un poco más y pude darme cuenta que mi piedra
tenia tanto para dar. Por supuesto que aún no quería compartirla, pero en mi pecho , no me preguntes cómo, sentí la necesidad de verla brillar en otras manos, así que la dejé rodar y me escondí para que otro la tomara. Ella
no sabía lo que estaba haciendo. Mi piedra estaba muy sorprendida por el cambio
en el trato que recibía de mi. Ya no había maltratos ni desprecio, lo único que recibió antes de dejarla era sonrisas y silencio.
Llegó el momento, la vi brillar en otros brazos y me di
cuenta que su aspecto era más reluciente, su brillo no tenia comparación. Me
sentí triste, no pude evitarlo. Quise llevármela conmigo de nuevo, encerrarla,
no mostrársela al mundo. Quería que esa parte egoísta de mi tomara posesión de
mi cuerpo. No pude hacerlo.
Me alejé de ella sin que siquiera lo notara, seguro iba a
estar mejor sin mí. En verdad deseaba que mi piedra fuese feliz. Y me fui.

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